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Tangos y Habaneras en la música española

13,95 

Intérprete: Marisa Blanes, piano

CONTENIDO:

Isaac Albéniz (1860-1909): Tango (España – 6 hojas de álbum).
Manuel de Falla (1876-1946): Pour le Tombeau de Claude Debussy.
Joaquín Turina (1882-1949):
Tango (3 danzas andaluzas, Op. 8).
– Habanera (Recuerdos de la antigua España, Op. 48).

Oscar Esplá (1886-1976): Habanera (Lírica española, vol. 5).
Ernesto Halffter (1905-1989): Habanera (2 danzas cubanas).
Vicente Asencio (1908-1979): Tango de la casada infiel.
Manuel Palau (1893-1967): Ritmo de habanera.
Antoni Torrandell (1881-1963): Recuerdos de España. Habanera.
Xavier Montsalvatge (1912-2002):
Habanera (3 Divertimentos).
– Sketch.

Ángeles López Artiga (1939):
– Salomé.
– Tango.

Leonora Milá (1942): Habanera, Op. 52 nº 2.
José Luis Turina (1952): Tango.
Tomás Marco (1942): Tangbanera.
Carlos Cruz de Castro (1941): Habanera

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Un fenómeno intercultural

El encuentro de los españoles con las culturas del continente americano a partir de su descubrimiento supuso uno de los fenómenos interculturales más significativos de la edad moderna. Los españoles llevaron allá los rasgos de la cultura española e impregnaron de ella a las culturas aborígenes y autóctonas de aquel ignoto universo de culturas. Llevaron, sin duda, nuestros cantos, pero también regresaron con los cantos autóctonos de aquellas gentes grabados en su corazón y en su memoria, contagiando y contagiándose recíprocamente en un proceso inevitable de mimetismos cuya mezcla habría de producir la riqueza de la interculturalidad.

Los aires españoles de América son aires mezclados, aires de “vaivén”, aires alimentados de lo que los españoles de entonces llevaban y traían. Decir que la habanera procede de la Habana es tanto una obviedad como una verdad a medias, ya que, si bien su nombre así lo indica, su desarrollo, hasta el logro de la estructura que hoy ya nos es familiar, responde a la mezcla inevitable y enriquecedora de lo que los españoles llevaron y lo que los españoles trajeron, o dicho de otra forma, de los cantos populares que los españoles llevaban a la perla caribeña y los cantos de los lugareños que inevitablemente habrían de calar en su corazón con la consiguiente e inevitable metamorfosis.

La mezcla es pues inevitable y así va surgiendo esta hermosa forma de canción o de danza, o de canción sobre ritmo de danza más bien, porque la habanera se canta y se danza sobre un ritmo negligente tan característico “a dos” o binario, que sostiene melodías insinuantes y formas de poética, a veces picaresca, estructura formal en un todo que ha cautivado a tantos y a tantas…, que ha contagiado a tantos países y ha estimulado obras magistrales de compositores del mayor renombre, como por ejemplo Georges Bizet, cuya habanera de su ópera Carmen ha inundado el mundo de atractivo habanero. Recordar otras habaneras ilustres, como la de Camille Saint Saens, o las de Maurice Ravel, o las numerosas que aparecían en las Zarzuelas de fin de siglo en España, sería un recuerdo demasiado prolijo para este momento.

Lo cierto es que la habanera ha sido más bien fruto de su propia metamorfosis que de un origen autóctono, ya que es el siglo XIX el tiempo de su apoteosis, sobre todo en España y muy especialmente en el litoral mediterráneo, donde se cantan las habaneras como si en ese litoral hubiesen nacido.

Otro tanto sucede con el tango, cuyo origen indudable se establece en Argentina, pero cuyo desarrollo se configura como otro proceso metamórfico que deviene en tango, pero cuyos precedentes habría que intentar hallar en otras latitudes. Es el tango una danza de carácter urbano y popular preponderantemente bonaerense, sin duda, pero también es una canción, al igual que la habanera, y por tanto estamos ante una danza que se canta, o una canción que se baila, que al fin al cabo tanto da como da lo mismo.

Cuando la habanera se extiende hasta la Pampa argentina, ¿es esta forma la que seduce al tango o es el tango el que desea seducir a la habanera? Cuando la habanera recala en los barrios bonaerenses allá por el ocaso del siglo XIX se encuentra con el tango que resulta poseer una genealogía equivalente: De procedencia africana, como lo es en parte la de la habanera “mulata”, pero también de mestizos y zambos americanos del Caribe y de la costa atlántica desde Méjico hasta el Río de la Plata, de tal manera que, como dice Alejo Carpentier, “este tango americano debió ser la estilización europea de una danza americana, es decir, la primitiva habanera o tango, cuya música era, a su vez, la resultante de las modificaciones que los negros y mestizos americanos introdujeron en formas y géneros traídos desde Europa”.

Haré con el tango la misma pregunta que me hacía con la habanera: ¿Es el tango una danza o canción autóctona o es el resultado de un desarrollo producido por la mezcla de unos y otros componentes? No hay duda de que en Argentina existía en su tradición folklórica un tango criollo, como en Cuba existía una forma de “son” habanero también criollo, pero estas formas, inicialmente de danza, fueron convirtiéndose en lo que hoy conocemos y cantamos.

El tango y la habanera de los compositores españoles

Buena muestra de lo descrito se podrá verificar en el contenido programático de este CD que describe las diferentes formas de sentir y de expresar la forma y el sentido del tango y la habanera a través de la creatividad de algunos de los compositores españoles que han configurado nuestra historia desde el fin del siglo XIX hasta nuestros días.

Lo que Albéniz, al declinar el siglo XIX, hace de su Tango, segunda hoja de álbum de las seis que configuraron su obra España, lo volvió a hacer más tarde en su portentosa Iberia, al iniciarse el XX, con su Lavapiés, es decir, mostrar lo que la simbiosis del tiempo hizo del tango y la habanera, una forma que sin dejar de ser tango suena a habanera, y sin dejar de ser habanera suena a tango. Tras Albéniz, la figura de referencia, magistral e irresistible del gaditano Manuel de Falla cuyo Tombeau (1920), escrito para guitarra y piano indistintamente a la memoria de Claude Debussy, es una habanera teñida de “cante jondo”. Joaquín Turina compuso el año 1912 un Tango enraizado en lo español como parte de sus Tres danzas andaluzas, Op. 8 (Petenera, Tango y Zapateado) y en 1929 una Habanera que en el marco de sus Recuerdos de la antigua España Op. 48, desprende españolismo por los cuatro costados, al lado de “La eterna Carmen”, “Don Juan” y el pasacalle de la “Estudiantina”.

La Habanera que compuso Óscar Esplá pertenece al V volumen de su “Lírica española” (1954), junto a una “Ronda serrana” y una “Sonatina playera”, lo cual significa que el compositor alicantino no solo inserta la habanera en el ámbito cultural de lo español, sino en el marco de lo popular. En cambio Ernesto Halffter acentúa la cubanidad de la habanera incorporando su Habanera (1945) junto a un “Pregón” en sus Dos piezas cubanas. Quizás sea esta habanera la que mejor refleje la simbiosis de canción y danza como un todo coherente. Su hilo melódico es tan conductor como su soporte armónico y sobre todo como la conjugación que Ernesto Halffter hace de su tejido rítmico, siempre elemental por “ostinato”, pero siempre lúdico por su ingeniosidad. Basado en el romance “casada infiel” del Romancero gitano de García Lorca, el compositor valenciano Vicente Asencio escribe su Tango de la casada infiel (1950), tango trágico, como el poema lorquiano y hondo como su esencia poética. El también valenciano Manuel Palau compuso su Ritmo de Habanera el año 1955. Es obra galante e insinuante, como toda habanera, quizás más para ser cantada que bailada.

De la estancia en París (1905) del compositor mallorquín Antoni Torrandell datan una serie de obras menores que el autor firmaba con el seudónimo Antonio del Ranto, entre las que sobresale la Habanera que subtitula Recuerdos de España. Obra sencilla pero de grandes sutilezas emotivas, como la Habanera que viene a continuación del compositor gerundense Xavier Montsalvatge, en el más puro estilo antillano tan característico de una gran parte de su obra. Pertenece esta pieza a la serie de Tres Divertimentos para piano que escribiera el año 1941. Volvió Montsalvatge a libar el néctar habanero con su Spanish sketch (1943) para violín y piano, que vierte años más tarde (1966) al piano como un juego experimental en el que el ritmo de habanera se diluye, como su melodía y su armonía cercanas al juego mordaz y picaresco.

De la valenciana Ángeles López Artiga es el tango titulado Salomé perteneciente al ciclo Ensayos de 1992, que vuelve a refrescar la dualidad del tango y la habanera como una simbiosis netamente hispánica. Y entre las numerosas habaneras firmadas por la catalana Leonora Milá, la pianista Marisa Blanes ha elegido una de ellas, la segunda del opus 52 (1991) cuyas esencias pianísticas resaltan la sensualidad de la forma habanera.

Con la contemporaneidad de tres compositores españoles se culmina el ciclo de tangos y habaneras que compendian este documento. Las tres obras han sido compuestas y dedicadas a la pianista Marisa Blanes. José Luis Turina ha realizado una versión pianística de su Tango escrito originalmente para Trío con piano (2007) de neto sabor argentino. Tomás Marco alterna ambas formas para lograr lo que su título expresa, el juego del tango con la habanera, Tangbanera (2011) y Carlos Cruz de Castro cierra el ciclo con el acento puesto en el ritmo típico y “ostinato” de la Habanera (2011) alternándose con la nostalgia que rezuma esta insinuante forma. (texto: Luciano González Sarmiento)

Información adicional

Discográfica

Several Records

Año de producción

2012